Carta de Quisy para todas las HHA y PCA

Carta de Quisy para todas las HHA y PCA

Mis queridas HHA y PCA: hoy quiero hablarles como esa prima que las abraza, pero también las mira a los ojos y les dice la verdad. El trabajo que ustedes hacen tiene un valor enorme. Ustedes entran a los hogares para cuidar, acompañar, proteger y devolverles un poquito de independencia y dignidad a personas que muchas veces atraviesan momentos muy vulnerables. Eso requiere paciencia, fuerza física, responsabilidad y un corazón inmenso. Pero tener un buen corazón no significa que deban permitir que las traten como sirvientas, que les hablen mal o que les asignen el trabajo de toda una familia. Para cuidarse y proteger su empleo, conozcan bien el plan de cuidado de cada cliente y pregunten cuando una tarea no esté clara. No acepten hacer procedimientos para los que no están capacitadas ni actividades que puedan ponerlas en peligro. Si una familia les pide algo fuera de sus funciones, no discutan ni respondan con enojo; expliquen con respeto: “Quiero ayudar, pero necesito seguir el plan autorizado por la agencia”. Anoten las situaciones importantes, incluyendo fechas, instrucciones recibidas, cambios en el paciente, incidentes y solicitudes inapropiadas. Reporten los problemas rápidamente a su supervisora o agencia, preferiblemente por escrito, y guarden copia de sus comunicaciones. Lleguen a tiempo, mantengan el teléfono guardado, respeten la privacidad del cliente y eviten involucrarse en problemas familiares, préstamos de dinero, compras personales o conversaciones que puedan comprometerlas. Poner límites con educación no las convierte en malas trabajadoras; las convierte en profesionales. Y recuerden esto, primas: no esperen hasta estar agotadas, asustadas o acusadas injustamente para pedir ayuda. Hablen temprano, documenten todo y nunca firmen algo que no entiendan sin solicitar una explicación.

Y para los clientes y sus familias, este consejo viene también desde el cariño: una HHA o PCA no llega a su hogar para reemplazar a la empleada doméstica, cocinar para todas las visitas ni limpiar detrás de cada persona que vive en la casa. Puede realizar ciertas tareas relacionadas directamente con el bienestar del paciente, según el plan autorizado, pero su responsabilidad principal es cuidar a esa persona. Trátenla con respeto, explíquenle las rutinas con claridad, mantengan un ambiente seguro y no la presionen para hacer algo que su agencia no permite. Cuando una cuidadora se siente respetada, escuchada y valorada, puede concentrarse mejor en ofrecer el cuidado que su ser querido merece. Aquí nadie pierde cuando hay comunicación, límites y dignidad: gana la cuidadora, gana la familia y, sobre todo, gana el paciente. Con cariño y con la confianza de una prima que quiere verlas protegidas, Quisy.

Read more