Las cosas rarísimas que decía mi abuela Dominicana
Mi gente linda, yo crecí pensando que mi abuela tenía acceso a una versión secreta del universo que no aparecía ni en los libros, ni en la televisión, ni mucho menos en Google, porque esa señora podía mirar el cielo, escuchar un ruido, sentir un escalofrío o ver una mariposa entrar por la ventana y de una vez sabía que venía visita, dinero, lluvia, chisme o una tragedia sentimental. Y lo decía con una seguridad que una no se atrevía ni a preguntar de dónde había sacado aquella información.
Si llovía mientras salía el sol, no era un fenómeno meteorológico: se estaba casando una bruja. Si a una le zumbaba un oído, alguien estaba hablando de ti. Si te barrían los pies, ya se había cancelado tu boda imaginaria. Si ponías la cartera en el piso, tu cuenta bancaria comenzaba a vaciarse por arte de magia. Y ni hablar de aceptar un cafecito parada, porque según ella, si no te sentabas a bebértelo tranquila, se te barajaban todos los planes. Ahora una se ríe, pero en aquel momento aquello era ley, ciencia y decreto nacional.

Nuestras abuelas tenían sus propias explicaciones para todo, y aunque muchas de esas creencias no tenían lógica, venían cargadas de cuidado, tradición, intuición y una forma muy dominicana de protegernos del mundo. Porque detrás de cada “¡levanta eso!”, “¡no hagas aquello!” y “¡niña, yo sé lo que te digo!” había una mujer que quería evitarnos la mala suerte, el mal de ojo, una gripe, una deuda, un desengaño amoroso y, si era posible, hasta una bruja recién casada. Así que esta carta es para ellas: las primeras meteorólogas, consejeras financieras, detectives del chisme, especialistas del amor y guardianas oficiales del cafecito. Abuela, quizás no tenías Google, pero tenías una respuesta para absolutamente todo… y de alguna manera, todavía seguimos obedeciendo muchas de tus reglas por si acaso.
El archivo secreto de los dichos de abuela
Señales, visitas y chisme
“Está lloviendo y haciendo sol… se está casando una bruja.”
La explicación oficial de abuela para cualquier clima que no supiera comportarse.
“Si entra una mariposa a la casa, viene visita.”
La mariposa era el WhatsApp de antes: llegaba primero y anunciaba a todo el mundo.
“Si te zumba un oído, están hablando de ti.”
No era tinnitus. Era el sistema dominicano de alerta de chisme.
“Si te muerdes la lengua, alguien está hablando de ti.”
Porque aparentemente el chisme ajeno también tenía efectos secundarios físicos.
“Si tienes hipo, alguien se está acordando de ti.”
A veces con cariño; otras veces, probablemente hablando de más.
“Si se cae un tenedor, viene una mujer.”
“Si se cae un cuchillo, viene un hombre.”
Los cubiertos eran el timbre inteligente de la casa.
“Si el perro ladra de madrugada, está viendo algo.”
Y ese “algo” nunca era otro perro. Siempre era algo que una no quería ver.

Dinero y prosperidad
“Si te pica la mano derecha, te viene dinero.”
Una notificación bancaria directamente desde la palma.
“Si te pica la izquierda, prepárate a pagar.”
Abuela también conocía los cargos pendientes.
“No pongas la cartera en el piso, que se te va el dinero.”
Porque el piso tenía acceso directo a la cuenta de ahorros.
“No regales una cartera vacía.”
Había que ponerle aunque fuera una moneda para no regalar pobreza.
“No pongas el pan al revés.”
En algunas casas era mala suerte; en otras, una falta de respeto a la abundancia.
“No pidas sal prestada.”
La sal podía crear problemas financieros, familiares y diplomáticos entre vecinos.
Amor y matrimonio
“No dejes que te barran los pies, que no te casas.”
La escoba podía destruir una relación que todavía ni existía.
“Si te barren los pies, te casas con un viejo.”
Otra versión, por si la soltería no daba suficiente miedo.
“No te sientes en una esquina de la mesa, que no te casas.”
La arquitectura del comedor controlaba el futuro sentimental.
“Si sueñas con alguien, esa persona se acostó pensando en ti.”
Abuela inventó el análisis romántico de los sueños mucho antes de las redes sociales.
“Si se te rompe un espejo, son siete años de mala suerte.”
Y probablemente ocho años de regaño por haberlo roto.

Café, comida y planes
“Si te ofrecen café, siéntate a beberlo para que no se te barajen los planes.”
El cafecito no solo despertaba: también organizaba el destino.
“No te bañes después de comer.”
Había que esperar hasta que la comida terminara todos sus trámites internos.
“No tomes agua fría después de comer caliente, que te pasmas.”
Nadie sabía exactamente qué era pasmarse, pero sonaba irreversible.
“No salgas con el pelo mojado, que te enfermas.”
Según abuela, el pelo mojado era más peligroso que cualquier virus.
“No comas acostada, que te conviertes en vaca.”
Una amenaza extraña, pero muy efectiva para sentarse bien.
“No te tragues una semilla, que te crece una mata en la barriga.”
La primera clase de botánica que traumatizó a toda una generación.


Salud y cuerpo
“Alguien caminó por encima de tu tumba.”
La explicación para un escalofrío inesperado, aunque una estuviera vivita y tomando café.
“No te sientes en el piso frío.”
Todos los dolores futuros comenzaban, según abuela, con un piso demasiado frío.
“No andes descalza, que te entra el sereno.”
El sereno era invisible, misterioso y aparentemente entraba por los pies.
“Tápate el pecho, que te va a dar un aire.”
El aire dominicano tenía objetivos específicos.
“Ponte Vicks.”
Dolor de cabeza, gripe, cansancio, problemas emocionales: Vicks servía para todo.
“Tómate un té de orégano.”
La medicina oficial de la casa antes de considerar llamar a un médico.
Bebés, embarazo y protección
“No dejes a una embarazada con un antojo.”
Porque las consecuencias podían caerle al bebé, a la madre o a la persona que negó la comida.
“Ponle un hilito rojo al bebé para el mal de ojo.”
El sistema de seguridad infantil aprobado por todas las tías.
“No dejes que cualquiera cargue al niño, que le da pujo.”
Después comenzaba la investigación familiar para descubrir quién había sido.
“No le cortes las uñas al bebé de noche.”
Dependiendo de la familia, traía mala suerte o le quitaba algo al niño.
“No pases por encima de un niño acostado, que no crece.”
Y si lo hacías, tenías que regresar por el mismo lugar para deshacer el daño.


Casa, suerte y protección
“No abras un paraguas dentro de la casa.”
No estabas secándolo; estabas invitando la mala suerte personalmente.
“No pases por debajo de una escalera.”
Zona oficialmente prohibida por el departamento espiritual de abuela.
“Toca madera.”
Porque mencionar algo bueno sin tocar un mueble era tentar al destino.
“Pon una sábila detrás de la puerta.”
Mitad planta decorativa, mitad guardia espiritual.
“Pon la escoba detrás de la puerta para que la visita se vaya.”
Hospitalidad dominicana con horario de cierre invisible.
“No duermas con los pies hacia la puerta.”
No había explicación detallada. Solo había que mover la cama.
“No dejes los zapatos volteados.”
Porque hasta los zapatos podían atraer problemas.
Días, clima y tradiciones
“Báñate con la primera agua de mayo.”
Según abuela, esa lluvia traía salud, belleza y buena suerte.
“No te bañes en el río el Viernes Santo.”
Ese día el río dejaba de ser un lugar normal y se convertía en territorio peligroso.
“Si el cielo se pone raro, recoge la ropa.”
No importaba lo que dijera el pronóstico; abuela ya había visto venir el aguacero.
“Cuando las hormigas salen mucho, va a llover.”
El radar meteorológico oficial estaba en el patio.
“Si los gallos cantan fuera de hora, algo va a pasar.”
Nunca se especificaba qué, pero había que mantenerse alerta.
Cierre de Quisy
¿Cuál de estas decía tu abuela como si estuviera escrita en la Constitución? ¿Y cuál falta en este archivo? Déjamela en los comentarios, porque entre todas vamos a completar la enciclopedia oficial de las abuelas dominicanas: edición cafecito, chisme y superstición. 🇩🇴☕️❤️
